1 de diciembre de 2016

35 defectos para tus personajes

Hace mucho, mucho, demasiado, que no me ponía a preparar una entrada de este tipo. Hace meses que la etiqueta “recursos para escritores” está parada, y no me gusta. Este tipo de entradas me encantan y sé que hay muchos lectores a las que les gustan. Así que vamos a ella.


Cuando creamos personajes, tendemos a hacerlos perfectos. Darles defectos y problemas a seres de nuestra invención nos cuesta. Queremos que todo sea fácil y bonito para ellos, pero ya sabemos qué pasa con los personajes perfectos: no les gustan a los lectores. Para crear un personaje memorable, para crear un buen personaje, necesitamos que tenga defectos y fallos. No es verosímil que sea perfecto, porque nadie lo es. Además, un personaje con defectos le da una nueva dimensión a la historia.
Otorgándole defectos a nuestros personajes, todos ganamos.

Así que después de dejar por aquí 13 estructuras argumentales, 40 giros argumentales, y más de 10,000 caras anónimas (con segunda parte), hoy traigo 35 defectos que darle a tus personajes. Son libres para quien quiera usarlos: los he recopilado para eso. No es necesario dar créditos y nadie va a reclamar autoría ni plagios. Se pueden usar cuándo y cómo se quieran. Porque los personajes tienen que tener defectos, pero no siempre sabemos cuáles darles, o solo se nos ocurren los mismos.

defectos para personajes


1-Tu personaje no puede hablar con alguien que le haya insultado u ofendido si antes no se disculpan
2-Tu personaje no es capaz de respetar el espacio personal de otros personajes.
3-Tu personaje necesita más espacio personal de lo acostumbrado, y cuando no se lo respetan, se pone muy nervioso.
4-Tu personaje mira a los ojos demasiado fijamente.
5-Tu personaje se pone nervioso cuando le miran a los ojos.
6-Tu personaje no tolera que le toquen, ni siquiera familia o amigos cercanos.
7-Tu personaje toca demasiado a los otros personajes.
8-Los ojos de tu personaje siempre están fijos en cicatrices o marcas visibles, aunque sepa que es de mala educación.
9-Tu personaje no sabe pronunciar el sonido s.
10-Tu personaje pronuncia mal muchas palabras.
11-Tu personaje emplea un vocabulario demasiado elaborado.
12-Tu personaje no tiene sentido del humor y no entiende ningún chiste, salvo muy malos y muy obvios.
13-Tu personaje critica constantemente a los otros personajes.
14-Tu personaje tiene una enfermedad crónica que quiere ignorar pero que no deja de llevarle al médico.
15-Tu personaje está obsesionado con enfermar o contagiarse.
16-Tu personaje se muerde las uñas y suele hacerse heridas.
17-Tu personaje fuma.
18-Tu personaje es torpe y no deja de golpearse.
19-Tu personaje se cruje los nudillos cuando está nervioso.
20-Tu personaje tiene facilidad para dislocarse huesos.
21-Tu personaje siempre llega demasiado temprano a todos sitios y tiene que esperar un rato a solas.
22-Tu personaje no puede pisar las rayas de los pasos de cebra al cruzar.
23-Tu personaje no puede pasar un día sin llamar a otro personaje (padres, amigo, ex, etc.) por teléfono.
24-Tu personaje cambia de lengua cuando se pone nervioso, pero ninguno de sus amigos le entiende.
25-Tu personaje es incapaz de decir tacos o maldecir.
26-Tu personaje no puede vestir nada que no sea de un color concreto.
27-Tu personaje viste muy llamativo.
28-Tu personaje compra libretas pero nunca las usa porque le da pena acabarlas.
29-Tu personaje tiene una fijación con la limpieza, pero no con el orden.
30-Tu personaje tiene una obsesión con el orden y la simetría.
31-Tu personaje cree en el horóscopo.
32-Tu personaje es incapaz de recordar las caras de otros personajes nuevos.
33-Tu personaje tiene muy mala memoria.
34-Tu personaje es descuidado y pierde muchas cosas.
35-Tu personaje no sabe contar historias.

Estos son solo 35 defectos que puede tener tu personaje. Hay miles más que podríamos darles. Podemos pensar en gente que conocemos y robarles sus defectos, incluso.
Así que, contadme en los comentarios, ¿qué otros defectos daríais a vuestros personajes?


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21 de noviembre de 2016

El piso mil, de Katharine McGee

Ni siquiera hace dos semanas, después de terminar de ver uno de los capítulos de How to get away with murder, me puse nostálgica: hay algo que me falta en mis series, porque aunque How to get away with murder es adictivo, desde que se acabó Pretty Little Liars tengo un hueco que no consigo llenar. Un hueco que durante años llenó, primero Gossip Girl y luego Pretty Little Liars.
Y entonces llegó a mí El piso mil.

No era lo que esperaba. Cogí el libro en la biblioteca sin saber de qué iba, porque me llamaba la atención quién lo había traducido (Manuel de los Reyes, que os sonará por Brandon Sanderson y Paolo Bacigalupi). Y siempre que he escogido un libro por su traductor, he acertado. Lo único que sabía del libro es que hay una chica que cae de una torre altísima (porque la contraportada dice poco más) y estoy maravillada con lo que encontré dentro.

El piso mil, reseña

Avery, Leda, Eris, Rylin y Watt viven en una torre de mil pisos, que es en sí una ciudad. Los pisos superiores están reservados a los ricos, mientras las familias más humildes se hacinan en los inferiores. Los cinco chicos viven en la misma torre, pero no todos son amigos: les seguiremos mientras sus vidas convulsionan, se cruzan y se relacionan. Porque el dinero no te hace inmune a los problemas, y así como los cimientos de la torre son sólidos, sus vidas se van a tambalear como nunca hubiesen esperado.

En la sinopsis y en el prólogo adelantan que una chica cae al vacío desde la azotea de la torre. Y es cierto: hay una chica, que hasta los últimos capítulos no sabremos quién es ni qué le ha pasado, que se mata tras caer más de más de cuatro kilómetros de alto. Sin embargo, no es el misterio de quién será ella ni cómo llegó hasta allí lo que te hará seguir leyendo. Porque los cinco (o los diez, porque también conoceremos a Atlas, Cord, Mariel, Nadia, Hiral, Chrissa... y sus padres) consiguen tenerte sin querer cerrar el libro con sus vidas, sus líos y sus problemas.

Hay muchísimas cosas que me han gustado de El piso mil. Por una vez, me he entregado a unos personajes originales y carismáticos. A pesar de que a priori podríamos encontrarnos con la ya típica protagonista femenina irritable y caprichosa (como en Un cuento oscuro), la autora no se ha conformado con escribir personajes típicos y fáciles de conocer. Todos, incluso los secundarios, tienen su personalidad, su pasado, sus aspiraciones y su futuro. No he reconocido otros personajes en estos, y cuando creía conocerlos, hicieron algo que les dio una nueva dimensión y añadió profundidad. Son personajes vivos, personajes que se dejan conocer y con los que no se tarda en empatizar.
Aunque queda en un segundo plano, la novela tiene una visión futurista y optimista de la ciencia ficción que, aunque discreta, termina siendo imprescindible para entender a los personajes y su mundo. La trama principal no es la ciencia ficción, pero sí se apoya en ella: las lentes de contacto, la siguiente generación a las tablets, tiene a los protagonistas consultando información dentro de sus ojos; encontramos una IA que puede pasar por una persona; la propia existencia de la torre; las drogas comunitarias, controladas a distancia... No es una distopía, los protagonistas no tienen que salvar al mundo y sus vidas solamente les importan a ellos y a los lectores: se agradece el cambio de temática por fin.
Casi todas las tramas de los protagonistas se basan en sus problemas amorosos, pero los temas que toca no se quedan ahí. El piso mil es una novela juvenil, pero se aleja en muchos aspectos de otras que he estado leyendo últimamente. A pesar de la frivolidad de algunos de los problemas de los chicos, trata temas serios y con seriedad. La visión dura y aplastante que da de las drogas hace mucho que no la encontraba en ningún libro. Creo que no la encontraba desde los libros juveniles que se publicaban cuando era adolescente, que coincidió con una propaganda anti drogas onmipresente que nos llegaba desde todos los frentes: la literatura también. Hasta que leí las adicciones de Leda no recordé todos los años que hacía que no veía el tema tratado con detenimiento y seriedad en una novela -lo que no quiere decir que también se muestre la parte recreativa y no peligrosa de ellas.
Como digo, es juvenil, pero tiene un tono diferente a otros libros de este género que he ido encontrando últimamente. Y este tono se ve especialmente en el sexo. Crepúsculo fue el culmen de los libros juveniles mojigatos aleccionadores a favor de la abstinencia y el puritanismo, pero en El piso mil se aleja de esta visión: los personajes mantienen relaciones sexuales, fuera del matrimonio; algunos admiten que regularmente: y no pasa nada. Sin embargo, las escenas de sexo son la excepción y alguna tiende a la cursilería; pero es otro cambio de tono que se agradece.
Pero tampoco pierde la oportunidad de hablar de la pobreza y el clasismo. Las vidas de los protagonista están condicionadas por el dinero, por su abundancia o por la falta de él. Veremos la desesperación en varios de los personajes, además del clasismo sucio y desagradable de algunos de los que viven en la cima de la torre. Los protagonistas, aunque sus vidas terminan cruzándose, son muy diferentes entre sí, y una de las diferencias más marcadas es su dinero: no es lo mismo dedicar el día a relajarse en un spa que a pasarlo en dos empleos para evitar que le deshaucien.
El piso mil, además, es heredero de las peticiones de diversidad e inclusión que se llevan haciendo ya durante un par de años en las redes: la autora no ha escatimado en razas (causásico, negro, árabe, asiático occidental, asiático oriental... y seguro que me dejo alguna) y ha contemplado la homosexualidad en las relaciones de los protagonistas. Sin embargo, esta representación se me ha quedado corta. ¿Qué sentido tiene indicar que un personaje es claramente descendiente de asiáticos si no le aporta ningún rasgo a su personalidad, a su vida o a su visión del mundo? ¿Es relevante comentar la raza de un personaje si la descubres en el penúltimo capítulo? No son preguntas retóricas, y son cuestiones a las que les he estado dando vueltas desde que me di cuenta de la variedad de razas en los personajes.

Solamente tengo una queja del libro: y son todas las líneas dedicadas a describir el vestuario de los personajes. Es cierto que para ellos es importante, y en obras de referencia como Gossip Girl también es importante, pero al ser una serie no necesitamos esa descripción; sin embargo, a veces parecen demasiadas y sobre todo, innecesarias. Hay personajes a los que no les importa su aspecto, y más en escenas en las que es irrelevante, encontramos igualmente esa descripción. Para ser la única queja tampoco es para tanto.
El final tampoco me ha convencido. Tras desvelar quién se cae de la torre y cómo me parece que se ha forzado que quede la trama tan abierta. En los capítulos anteriores ya se ve claro que el final va a ser abierto, y en Goodreads ya está apuntada la segunda parte de la novela, pero queda muy artificial esa conclusión-revelación final y que presumiblemente será el hilo que seguirá la secuela.

Lo he buscado, y me parece mentira que todavía no haya fanart de esta novela. No en el fandom americano, porque el español de momento no existe. Como RBA le dé un poco de publicidad a esta novela os vais a hartar de ella. Y yo seré feliz.

El piso mil de Katharine McGee está publicada por Molino (RBA) (ISBN: 978-8427210325) y traducida por Manuel de los Reyes. Al principio se anunció como una novela única, pero en Goodreads aparece la segunda parte (todavía sin título ni fecha de salida).

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13 de noviembre de 2016

El libro de las brujas, de Katherine Howe

Creo que es la primera reseña de un libro de no ficción que traigo al blog. Pero es que pocas veces un libro de ensayo hace tanto ruido en mi TL y en mis grupos de amigos y voy a aprovechar. Porque no solo de novelas está hecha la biblioteca, y a veces tenemos que tener en cuenta los ensayos.

El libro de las brujas reseña opinión

El libro de las brujas recopila documentos jurídicos relacionados con casos de brujería desde el siglo XVI hasta el XIX. Estos documentos se dividen, cronológicamente, en tres etapas: antes de Salem, Salem y Después de Salem. La editora hace una introducción a cada una de estas etapas y otra un poco más breve, contextualizando, cada documento que ha recopilado. A través de los documentos y de sus introducciones vamos conociendo quién era considerada una bruja, la importancia jurídica que tenía, las pruebas que se tomaban como válidas en un juicio y muchos aspectos más que rodearon a la brujería durante estos siglos.
El libro me ha servido para desterrar varios mitos que tenía sobre las brujas: el primero y más importante, no acusaban y ahorcaban (casi todas fueron ahorcadas, aunque hubo muchísimas acusadas y sentenciadas de brujería que no tuvieron pena de muerte) a las mujeres que consideraban una “amenaza”: las inteligentes; en cambio, la enorme mayoría de las brujas eran mujeres poco inteligentes, poco atractivas, malencaradas y de un nivel económico muy, muy bajo. Eran mujeres tan poco inteligentes que llegaban a creerse los rumores que se extendían sobre ellas y llegaban realmente a pensar que los delitos de los que las acusaban los habían cometido en realidad.
Esto lo resume muy bien Reginald Scot, ya en 1584. Era un escéptico que no creía en la existencia de brujas:

"Una clase de aquellas a las que se tacha de brujas son mujeres generalmente viejas de ojos turbios, tullidas, pálidas, malolientes y marcadas de arrugas, pobres, hurañas, supersticiosas y papistas; o mujeres que no conocen religión , en cuya razón aletargada ha encontrado el Diablo un buen asiento. Y de este modo, fácilmente son llevadas a creer que cualquier accidente , infortunio , calamidad o muerte acontece por su causa, con lo que imprime en su razón la firme y constante creencia imaginaria de que esto es así. Son enjutas y contrahechas, y reflejan sus rostros melancolía para horror de cuantos los contemplan. Son chochas , gruñoñas, locas, diabólicas y no muy distintas de aquellos a los que se tiene por poseídos por los espíritus."

El segundo mito es la presencia de hombres. Eran hombres en casi la misma situación que estas mujeres: poco inteligentes, poco agraciados, sin don de gentes y pobres. Muchos eran maridos de brujas, pero otros también eran solteros o viudos.
Y por último, algo que Howe podría haber explicado un poco más, para los que no estamos acostumbrados a tratar con textos de Derecho: la brujería solo era una causa más en un juicio: a las brujas las acusaban de delitos, que luego se explicaban mediante la brujería. Es decir, no se acusaba a las brujas por brujas, si no de haber causado una enfermedad mediante brujería, de haber provocado una muerte o una desgracia mediante la brujería. Por eso, aunque la religión está muy presente, los juicios eran civiles; creo que en el libro no aparece ningún juicio eclesiástico. Hay incluso constancia y varias referencias a brujas "buenas" a las que se recurría de manera habitual: a esas no se las acusaba ni se las juzgaba.

La primera mitad, aunque monótona ya que solo intercala breves introducciones entre textos legales de 1500 y 1600, es interesante. Sin embargo, cuando llega a la parte de Salem es cuando empiezan a notarse las carencias del texto.
He echado muchísimo de menos más texto y más explicaciones por parte de la editora. Los textos primarios son muy interesantes, pero las intervenciones de Katherine Howe son a veces demasiado breves y escuetas. En la parte de Salem, por ejemplo, no explica qué ocurrió en realidad. No pone en antecedentes, no explica por qué se desató ese miedo y esa rabia que vemos en los textos que nos mostrará. No conocemos a las acusadas ni a las sentenciadas. Hay textos sobre alguna sentenciada y alguna absuelta, pero no deja de repetir que hubo 19 ahorcadas y muchísimas más acusadas: vemos los textos primarios pero no están hilados.
Y esa es mi gran pega al libro: es un fantástico libro de referencia para quien quiera trabajar el tema de las brujas, pero es bastante deficiente en cuanto a texto divulgativo; que era la intención con la que lo empecé.


En El libro de las brujas no encontramos una historia de ellas, acompañada de textos primarios (muchos muy parecidos ya que trata sobre todo el mismo género: informes de acusación, informes de detención, interrogatorios), si no un corpus de referencia en el que apoyar futuros trabajos. Como lectora curiosa se me ha hecho insuficiente y deshilachado; pero a algún investigador le será una fuente valiosísima de material.

El libro de las brujas está editado por Katherine Howe y traído a España por Alba Editorial (ISBN: 9788490652244).

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Suficiente blog por hoy. ¡A escribir!